San Fermín

Cuenta la tradición que el senador Firmo, que gobernaba en Pamplona en tiempos del emperador Diocleciano, se convirtió al cristianismo con toda su familia. Fermín, su hijo, comenzó a predicar el Evangelio siendo muy joven. A los veinticuatro años ya fue consagrado obispo en Toulouse.

Fermín marchó a predicar a las Galias y por ese motivo fue encarcelado y, más tarde, decapitado (es por eso que hoy llevamos en fiestas el pañuelico rojo al cuello).

La leyenda llegó a Pamplona en el siglo XII a través del arzobispo de Pamplona, Pedro de Roda o París, que, al parecer, trajo las reliquias del santo, que se guardaron en el altar de la Catedral de Pamplona. El culto a San Fermín se fue extendiendo poco a poco por toda Navarra, llegando a ser su patrón, junto a San Francisco Javier.